sábado, 5 de noviembre de 2011

El olor de una vida

Una mañana como otra cualquiera, sentada en mi silla, leyendo comentarios de gente que a tu lado son pequeñas particulas de polvo, estudiando cosas que junto a ti, son las más insignificantes del mundo. Cansada, pues, de las mañana madrugadoras, de las horas sentada en una silla memorizando palabras que no servirían de nada. Por un momento, cansada de la biología, apoye mi cabeza sobre mi mano derecha, en señal de agotamiento, pero no podía imaginar las sensaciones que iban a cruzar mi cabeza transcurridos un par de segundos.
Por un instante sentí oler tu perfume, tu olor, el olor que quiero recordar por muchísimo tiempo, con el que quiero vivir mi y un aventuras. Un olor tan familiar que me hizo sonreir al instante. Pero desapareció.
Buscando, quizás, un pigmento más de ese olor por mi habitación, miré mi mano, la cual tiene pintado esos rectángulos tan significativos que soy incapaz de verlos sin acordarme de vos. Sin recordar todo lo vivido. Sin experimentar una pizca de amor en mis sentidos.
Quise recordar, pero no pude. Quise imaginar, pero no lo hice. Quise poder buscarle un porqué a todo esto, pero cuando casi lo logré volví a oler mi muñeca, en la cual, horas antes, habías dejado una pequeña gota de tu perfume sobre ella, que aún olia a ti. Y sonreí. Sonreí por ese momento de felicidad cada vez que me besas, por esas miradas, esas palabras que me echas. Por ese olor... el olor que quiero que sea el olor de toda una vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario