jueves, 19 de enero de 2012

Caverna

Y el pequeño hurón una vez más calló en la trampa y volvió a verse encadenado por completo en medio del bosque. Su corazón le susurraba que estaba en peligro, pero el no quiso darse cuenta de ello hasta que la codicia se le aparecio por delante postrando le un mundo lleno de felicidad al alcanze de su mano, pero el hurón era un ser listo.
-Te haré feliz-comentó la codicia- solo déjame que te apriete un poco más los grilletes y serás feliz.
El hurón hacia demasiado tiempo que no era feliz y, sinceramente, no se le puede culpar: su vida era una rutina aburrida sin nadie con quien compartirla.
Tras segundos de meditación el hurón acepto su trato mostrandole ante él sus patas atadas con fuertes grilletes de acero que le aprisionaban entre el dolor y la calma. La codicia ajusto un poco más esos aceros que rodeaban  las patas delanteras del hurón y cuando este quiso darse cuenta, la codicia se habia esfumado.
-Pues no- dijo el huron con gesto de tristeza-ultimamente nada me hace feliz, pero prefiero permanecer aqui, junto con lo que conozco, ha salir fuera y ver el mundo. Tras decir esto, se sentó en el húmedo suelo del bosque y por su cabeza pasaron pensamientos lejanos y uno de ellos susurró: "Y ahora, sigo en mi caverna"

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