viernes, 1 de febrero de 2013

Impresión

Fue de improviso. No lo vi venir y creo que no estaba preparada para ello. En ninguno de los sentidos.

Me enfadé por una absurdez, pero supongo que aun te importo un mínimo como para que vinieras a consolarme.
Te acercaste y te sentaste en el suelo, delante mía y me dijiste con la voz más sincera que he oído de tus labios desde hace mucho tiempo.
No diste tiempo a mi contestación, pues en una milésima de segundo estabas en mis brazos.
Sentí demasiadas cosas en ese momento. Hacía un año que no me abrazabas así. Que no me abrazabas asecas. Con fuerza, con cariño y añoranza.
Fue de repente cuando mis ojos se llenaron de lagrimas. Lagrimas de tristeza.
Lagrimas que dibujaban en mi mejilla todos los recuerdos pasados.
Tras haberte echado tantísimo de menos durante tanto tiempo y tras haber estado ahí sin estar realmente, ese abrazo lo aclaró todo. Seguías ahí pero de otra manera.
Tuve miedo, al instante, miedo a que fuese el último abrazo hasta dentro de otro año más. Me di cuenta que no quería soltarte. No quería volver a perder a mi mejor amiga.
Con las lagrimas cayendo, silenciosas, mis labios dibujaron letras en el aire y solo se oyó: Te quiero, tia.
Junto con una leve risa y una contestación de esa persona que no me mostraba su rostro:
Y yo a ti.

[Dibujar castillos juntas]

No hay comentarios:

Publicar un comentario